La transmisión en vivo del matinal Mucho Gusto desde La Florida se convirtió en un episodio alarmante cuando el equipo fue atacado con piedras mientras cubría los disturbios derivados del desalojo de una feria navideña ilegal en Peñalolén. El hecho, ya grave por sí mismo, escaló aún más con las declaraciones del animador José Antonio Neme desde el estudio.
Molesto por la agresión, Neme afirmó: “Ahí debería estar un carabinero y hacer uso de su arma de servicio. Un par de tiros y se acabó”. Esta frase, emitida en horario matinal y frente a una audiencia diversa, constituye una peligrosa apología a la violencia. La idea de resolver conflictos mediante disparos no solo es irresponsable, sino que legitima el uso de la fuerza letal como respuesta inmediata a la protesta o al desorden.
El problema no se limita a la indignación del animador. La emisión de estas palabras en vivo, sin filtros ni advertencias, expone a miles de televidentes —incluidos niños y adolescentes— a un mensaje que normaliza la violencia como herramienta de control social. En un país donde la relación entre ciudadanía y fuerzas de orden ya es tensa, declaraciones como estas pueden reforzar percepciones autoritarias y peligrosas.
Además, la cobertura televisiva de hechos violentos en tiempo real plantea un dilema ético. Mostrar ataques con piedras y proyectiles en vivo, mientras se escuchan frases como “Oye, están vueltos locos” o “Alcalde, cuidado, corrámonos, nos están tirando piedras”, puede generar una sensación de espectáculo morboso más que de información responsable. La televisión abierta, especialmente en horario matinal, debería priorizar la seguridad y el análisis crítico, no la exposición de violencia sin contexto.
La hipocresía del llamado de José Antonio Neme
La indignación de Neme también incluyó un llamado a no normalizar las agresiones: “Aquí llegamos a un nivel en que yo tiro un proyectil para oponerme a cualquier cosa… La ley debería responder en consecuencia y listo”. Sin embargo, su propuesta inicial de disparar contradice ese mismo llamado, mostrando una incoherencia preocupante.
En definitiva, lo ocurrido refleja la necesidad urgente de revisar los límites éticos en la televisión chilena. La apología a la violencia, sumada a la transmisión de hechos agresivos en vivo, pone en riesgo la construcción de un debate democrático y responsable.
