La modelo brasileña Michelle Carvalho desmintió haber presentado una querella formal contra Danilo 21, aclarando que se trata de una denuncia común para dejar constancia de hechos ocurridos. Sin embargo, lo relevante no es la tipificación legal, sino el contexto que motivó la acción: una serie de episodios de acoso en redes sociales que derivaron en amenazas de muerte por parte de seguidores del influencer, según declaró la afectada.
Carvalho afirmó que Danilo 21 actuó “manipulado y rodeado de mentiras”, y que ambos lograron aclarar los hechos tras revisar la evidencia. Aunque hoy mantienen una relación cordial, la modelo lamentó el quiebre de una amistad que había surgido durante su participación en Gran Hermano 2.
El impacto emocional fue tal que debió recurrir a apoyo psiquiátrico, evidenciando el costo humano de una industria que trivializa el daño psicológico en nombre del rating.
Danilo 21 y el modelo de influencer conflictivo
Danilo Peña representa un tipo de figura pública cada vez más frecuente en la farándula chilena: el influencer que capitaliza la polémica, el enfrentamiento y la viralización de contenido agresivo.
Su presencia en “lives” y programas de espectáculos ha estado marcada por dinámicas de confrontación, donde el insulto y la desinformación se convierten en moneda corriente. El caso Carvalho no es una excepción, sino parte de un patrón que merece ser revisado críticamente.
La farándula como espacio de violencia simbólica
El episodio pone en evidencia una estructura mediática que no solo tolera, sino que fomenta la violencia simbólica. Panelistas como Daniela Aránguiz y Sergio Marabolí contribuyen a amplificar conflictos personales sin considerar sus implicancias éticas.
La televisión de espectáculos chilena ha convertido el daño emocional en contenido, y la exposición pública en castigo social.
