El conductor de Mucho Gusto, José Antonio Neme, protagonizó un nuevo episodio de furia televisada al abandonar el estudio en plena transmisión, visiblemente molesto por la demora en la implementación de pistolas taser para funcionarios municipales. Lo que detonó su reacción no fue una novedad en el debate público, sino un oficio parlamentario que buscaba evaluar el uso de estas armas por parte de Carabineros, presuntamente presentado por la diputada Lorena Fries (Frente Amplio).
Durante una entrevista con el alcalde Mario Desbordes, Neme no solo expresó su desacuerdo, sino que incurrió en una serie de descalificaciones que rozan la falta de respeto institucional. “Señora, déntrese”, lanzó en tono admonitorio, acusando a la diputada de estar “fuera de este planeta” y de malgastar sus atribuciones en temas que, según él, ya están “zanjados”. La frase, lejos de ser una crítica argumentada, se convirtió en un gesto de desprecio hacia el rol fiscalizador del Congreso y hacia una parlamentaria que, por lo demás, no fue mencionada directamente, pero sí aludida con suficiente claridad.
El presentador, que ha reiterado su apoyo a la incorporación de herramientas disuasivas como las taser, parece sostener una visión simplista y punitiva de la seguridad pública. Su argumento de que quienes tienen condiciones de salud que podrían verse afectadas por estas armas deberían “salir menos” o “no meterse en problemas” revela una preocupante falta de empatía y comprensión de los derechos ciudadanos. Más aún, su comparación entre el gas pimienta que entrega a quien pasea a sus perros y el equipamiento de inspectores municipales ignora por completo los protocolos, la formación y la responsabilidad institucional que implica el uso de fuerza.
José Antonio Neme y un feo desaire a diputada Fríes
El clímax de su intervención llegó con una burla a la diversidad de género en el lenguaje parlamentario: “aparece una diputada o un diputado o un diputade o un diputadu o un diputadi mandando un oficio”, dijo, trivializando no solo el contenido del documento sino también la inclusión lingüística en el Congreso. Acto seguido, pidió “permiso” y se retiró del set, anunciando que iba al baño, como si el gesto fuera suficiente para cerrar una diatriba que dejó más preguntas que certezas.
Más allá del espectáculo, lo que queda en evidencia es el fetiche de Neme con las pistolas taser y su defensa acrítica de la represión como solución a los problemas de seguridad. En lugar de fomentar un debate informado y respetuoso, opta por la descalificación y el sarcasmo, desdibujando los límites entre opinión personal y responsabilidad comunicacional. Una postura que, lejos de contribuir al diálogo democrático, lo enturbia con gestos de arrogancia y desprecio institucional.
