En tiempos donde la viralización supera a la verificación, Katy Perry se ha convertido en blanco de una serie de acusaciones infundadas que distorsionan su imagen pública y afectan profundamente su salud mental.

Desde rumores políticos hasta ataques personales, estas falsedades no solo dañan a la artista, sino que también evidencian una crisis ética en la industria del entretenimiento estadounidense.

Las mentiras más difundidas

A continuación, se desmienten algunas de las afirmaciones más repetidas:

  • Katy no es sionista. Ha apoyado públicamente a Palestina, pidiendo un alto al fuego y reconociendo su soberanía en su sitio oficial.
  • No es republicana. Ha respaldado causas progresistas como los derechos LGBT, el aborto legal y el control de armas. Apoyó a Hillary Clinton, Joe Biden y Kamala Harris.
  • No contaminó con su viaje al espacio. Fue una invitada en una misión organizada por Jeff Bezos. No fue una decisión personal ni exclusiva.
  • No acosó a monjas. El conflicto por la compra de una propiedad fue legalmente resuelto. Tres de las cinco monjas estaban de su lado, y la demanda fue contra Dana Hollister, condenada por fraude.
  • No se burló de Britney Spears. Katy se disculpó, reconociendo que proyectaba sus propias luchas mentales. Poco después, atravesó una etapa depresiva.
  • No apoya a Dr. Luke. Aunque trabajó con él por decisión de su equipo, no estuvo en el estudio con él. Gracias a este rumor y el acoso mediático, el álbum fue un fracaso comercial y ella ha recibido un nivel de acoso desproporcionado.
  • No se aprovechó de un veterano. La compra fue legítima y aprobada por el vendedor. Las acusaciones provienen de una campaña política en su contra.
  • No colabora con P. Diddy actualmente. Aunque participó en un remix en 2020, Diddy fue eliminado de las versiones físicas tras las denuncias en 2023.
  • No es transfóbica. El término que usó en 2010 no era considerado ofensivo en ese momento. Katy ha sido una defensora activa de la comunidad trans.

Salud mental bajo ataque

Katy Perry ha hablado abiertamente sobre sus episodios de depresión y ansiedad, algunos de los cuales se han manifestado en medio de sus conciertos. La presión constante, la desinformación y el acoso digital contribuyen a un entorno insostenible para cualquier figura pública. Estas mentiras no solo afectan su bienestar emocional, sino que también perpetúan una cultura de misoginia disfrazada de activismo.

Como señala una publicación reciente en redes sociales, “cuando la sociedad encuentra gracioso y woke humillar y acosar a una mujer, nunca muestra nada bueno. Es misoginia disfrazada de activismo”.

Una industria en crisis

La industria del entretenimiento enfrenta una crisis de credibilidad cuando se permite que rumores sin fundamento se conviertan en titulares. La falta de verificación, el sensacionalismo y la viralización de contenido tóxico erosionan la confianza del público y dañan la integridad de los artistas.

Es urgente fomentar una cultura de responsabilidad editorial, empatía y respeto por la salud mental. Porque detrás de cada estrella hay una persona, y detrás de cada mentira, una herida que no siempre se ve.

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