El pasado fin de semana, quizás como una forma de distender el ambiente previo a las primarias, las redes sociales difundieron un video en el que la farandulera Camila Nash decía, con acento mexicano, que perdió muchos privilegios en Chile al mudarse de país, ya que era muy conocida y popular en nuestro territorio.
Los cuestionamientos no se hicieron esperar, pues prácticamente eso se tomó como una muestra más del narcisismo de los personajes de dicho mundo. Sin embargo, la narrativa del gremio, y por consiguiente de nuestra industria (que ya a estas alturas es lo mismo) ha tenido varios arranques justificativos y millonarios sueldos que nuevamente hacen reflexionar de lo descompuesta que está la televisión en nuestro país.
Para empezar, en un ejercicio de gaslighting (o sea, acomodar la historia a su antojo), Cecilia Gutiérrez en su espacio semanal en FMDOS dijo que sí es conocida, que era popular en los tiempos de los programas juveniles, y hasta se atrevió a decir que su fama y prestigio era solo comparable con el de Cecilia Bolocco en su mejor época. Una cosa es ser conocida y otra, muy distinta, es ser relevante.
Se podrá discutir qué tan conocida era en aquella época que la periodista de prensa rosa añora con nostalgia, pero la relevancia y el prestigio, que son tan escasos en el ambiente televisivo hoy, solo pueden tener pocos. Además, Nash nunca salió del mote de “personaje farandulero” o “chica reality / de programas juveniles”. Pero sería injusto solo culpar a ella. Acá hay que endosarle la responsabilidad a la misma industria, que nunca le dió una posibilidad más allá del género del que ella formó parte.
Hay un montón de casos de gente que surgió de tele-encierros y que pasó a la primera línea televisiva. Si miramos fuera de nuestras fronteras, podemos ver los casos argentinos de la fallecida Silvina Luna, Pamela David, la actriz brasileña Bárbara Paz, y como hemos reseñado la semana pasada con la italiana Elettra Lamborghini. Todos salieron de formatos con luces y sombras y han sido icónicas figuras, muchas de gran relevancia en sus países. Entonces, ¿Por qué acá no se le brindó la misma posibilidad y solo se le encasilló en un rol en específico?
Lo otro que dice Gutiérrez es que para ser figura en México no hay que decir que eres desconocido en tu país y que tienes que hablar como azteca. La historia, como tantas otras ocasiones, dice lo contrario: En los buenos tiempos del espectáculo chileno triunfaron en dicho país rostros como Don Francisco, Myriam Hernández, Fernando Ubiergo, Zalo Reyes y los casos más recientes y emblemáticos, el de “31 Minutos” y Mon Laferte. Todos ellos fueron y son figuras allá, y no cambiaron en ningún momento su forma de hablar. Y volvemos al tema inicial: Todos han sido y serán relevantes, acá y en la tierra del tequila.
Pero acá, vamos a otro punto que se difundió como “nado sincronizado independiente” de parte tanto de la periodista farandulera como de Julio César Rodríguez: “Si no fuese conocida, no habría estado en Primer Plano”. El problema mayúsculo y que tiene a nuestro espectáculo, y por ende a nuestra tele, en fase terminal: Hay bastantes figuras conocidas y prestigiosas que nunca han aparecido en ese programa. Y si lo aparecen, deben hacer una polémica digna de una incomprensible funa.
La actual generación artística tiene millones de reproducciones en Spotify, visualizaciones estratosféricas en YouTube, amplia vitrina en podcasts y en entrevistas radiales, pero jamás han aparecido en la televisión comercial. Y hacemos la diferencia porque otros canales como TVN y UChile TV (pública y universitaria, respectivamente) sí les han dado el espacio por convicción real. Pero en la tele privada son raros los casos de figuras que han tenido su espacio.
Si en “Primer Plano” aparecen famosos, que es el argumento que tanto JC como Cecilia Gutiérrez usaron como comodín para defender a Nash, entonces ¿Por qué rostros como Princesa Alba, Javiera Mena, Camila Moreno, Katteyes, Loyaltty, Shirel, Alanys Lagos, Paula Rivas, Entremares y otros tantos no han tenido su espacio en este estelar? ¿Si -según el relato que se difunde desde la misma farándula y sus cajas de resonancia en redes y foros de internet- es el espacio más importante de la televisión chilena desde los tiempos de Gonzalo Bertrán y Raúl Matas? ¿Si en el gremio nos dicen que acá están las más importantes figuras del espectáculo, o lo que entienden y promueven como tal?
Y no solo es problema de ese único programa, sino que es el mismo cuestionamiento que se le hace a “Podemos Hablar”, que suele repetir a sus invitados y no ofrecerlo a las estrellas musicales anteriormente citadas, sin salir del universo farandulero.
¿Por qué en el estelar de Diana Bolocco, por ejemplo, no ha aparecido Nicole que celebra los 30 años de “Esperando Nada” con un show en el Movistar Arena? ¿Por qué, tampoco, ha figurado la ya citada Katteyes que es la más exitosa figura del pop actualmente? ¿Por qué tampoco en los espacios nocturnos del canal de Paramount ha aparecido Javiera Mena promocionando su exitoso show en el Teatro Caupolicán hace algunos meses?
¿Y por qué, a diferencia de estas figuras relevantes ya citadas, sí ha sido invitada una figura que genera tantos anticuerpos y que tiene tantos nexos oscuros como Naya Fácil? ¿Y por qué ese espacio que le dieron a la otrora integrante de “Calle 7” no se lo dieron a ellas, que tenían más merecimientos y talento de sobra?
Y ahí entramos a otro problema que se ha denunciado tantas veces en este lugar, y que seguirá siendo así mientras siga el mismo error: Chilevisión ofreció cuatro millones de pesos a Camila Nash para defenderse, y para que pueda ser defendida por el gremio farandulero. Esa misma cantidad que no reciben de parte de la televisión quienes han sido mencionadas y tantas otras y otros que merecen aparecer en la pantalla local.
¿Por qué esas mismas lucas no se la dan a cualquier artista que tenga los merecimientos, y sí posee los méritos artísticos que la ex “Pelotón” no ha sabido demostrar que tiene, si ese es el caso?
Y es que al margen de cualquier meme, de los chistes y el humor de redes sociales, hay una molestia real en ese último facto. Antiguamente, para salir en la televisión chilena, había que ganarse ese derecho. ¿Cómo? Actuando, cantando, bailando, haciendo malabares para poder tener una oportunidad y que el público te acoja y te recuerde en las cuentas archivistas o en quienes promocionan al ambiente artístico que surje en buena lid.
Para que así sea, han puesto de su parte desde la prensa escrita figuras como Guillermo Zurita Borja, Lucho Fuenzalida, Antonio Freire, Camilo Fernández y tantos otros que escribieron diversas páginas de la tele y la entretención.
Entonces hay algo que realmente molesta en el respetable público: Que la industria local siga siendo ocupada por gente que no tiene los méritos y se cree una diva pop con la misma relevancia de una Bolocco, Myriam Hernández o Emilia Dides. Que es justamente lo que se le critica a Camila Nash.
Y por eso tienen la crisis que tienen. La única que pierde entre el desentendimiento entre el buen espectáculo y la tele, es la tele.
Y esa es una triste realidad de la que el medio no ha podido salir.
