En uno de mis tantos buceos en la Biblioteca Nacional de Chile, me topé con un estudio revelado por el Diario El Sur de Concepción en el año 1985, que comprobó que en ese año los chilenos eran los más televidentes de Latinoamérica. Diez años después, en la era del people-meter, 1995 fue la temporada de mayores televisores encendidos.
Hoy la realidad es diametralmente opuesta, por errores propios y ajenos. El regreso de la exaltación de las polémicas de una farándula cada vez más cuestionada, han hecho que los números del nuevo rating sean, de todas maneras, bajos.
Lo bueno es que cada programa tiene cómo sostenerse y venderse ante una torta publicitaria más esquiva y que prefiere otro tipo de contenido, mucho más fresco, juvenil y sobre todo empático. Al final es como las radios en los ochentas, que cada una decía en la prensa mediante encuestas que eran los líderes.
El tema es que, entre los espacios más vistos, no están precisamente los de esta “nueva farándula”, que ha sido duramente objetada. “Only Fama” no logra despegarse de sus malos resultados y tuvieron que llamar a un tipo odiado como Karol Lucero para explicar por qué le parece legítimo que un padre abandone a su hijo. Como siempre, no están en la sintonía de lo que opina el público.
Lo mismo pasa con “Primer Plano”, en donde tampoco han tenido lugares de privilegio siendo superado por los “Socios por Chile” del 13. Habrá que ver cómo se mueve la aguja con “Mundos Opuestos”, que hasta el momento ha tenido un buen rendimiento porque han controlado las polémicas. A pesar de que Ignacia Michelson haya tirado el CV de realities, de la deserción de Flor Vigna por su desacuerdo con los maqueteos (creo que pensó que iba a ser como “Gran Hermano”, que todo iba a ser espontáneo) y del rechazo que ha tenido el “Princeso”.
La televisión hoy pasa por tal momento de ingratitud que TVN, el canal que últimamente ha hecho bien las cosas, es el que más dinero a perdido. No logro explicarme el por qué, si ha subido su sintonía, sus proyectos han prosperado, como también han tenido una excelente crítica. Luego me digo a mi mismo: Es la televisión chilena. No está hecha para que la entiendas. Menos para ser justa.
Lo cierto es que la industria está nuevamente con números rojos, y es un hecho que hay que asimilar. El género que se suponía que iba a darle un aire fresco a la tele, terminó nuevamente quebrándola, como hace diez años. Sea como fuere, “haiga sido como haiga sido”, es el formato al que se aferran los medios tradicionales. Pero no hay que por bien no venga: Mientras sigan existiendo los Tomás Cancino y las Daniela Aranguiz de la vida, habrán alternativas muy buenas y poderosas en los podcasts. Quizás en este momento se está craneando un “Martes 13” con los códigos del mundo digital.
Y mientras la farándula siga atormentando las conciencias de ejecutivos y los televidentes que le quedan a la televisión local (porque según los índices, los jóvenes no quieren nada con ese mundo, salvo con los realities que siempre convocarán a ese grupo etáreo), cada vez más personas se suman al archivismo. Que sigan haciendo lo suyo creyendo tener un éxito inexistente. Mientras yo estoy aquí, buscando en el ayer lo que no encuentro hoy.
