La sorpresiva inursión de Nicki Minaj en la política estadounidense de la mano de Donald Trump ha terminado por costarle caro tanto en su imagen pública como en su credibilidad artística. Tras años de recibir un respaldo incondicional por parte de la comunidad LGBTQ+ y de seguidores diversos, la intérprete decidió darle la espalda a su base histórica para convertirse en una de las portavoces más fervientes del movimiento MAGA.

El resultado de esta jugada no pudo ser más desolador. En las elecciones de medio término, la gran mayoría de los candidatos respaldados por la rapera sufrieron duras derrotas frente a la ola demócrata que conquistó tanto la Cámara de Representantes como el Senado. Lejos de asumir la lectura del electorado, la artista se despachó con un errático manifiesto en redes sociales, ratificando una alianza que parece hundirla cada vez más en su propio aislamiento mediático.

Cosificación y desplantes en la era republicana

Lo más desconcertante de este giro político ha sido la absoluta falta de reciprocidad y respeto por parte del propio sector que la acogió. Durante un mitin en Michigan, Donald Trump no dudó en reducirla públicamente a un comentario denigrante y misógino sobre su físico, ante la atónita mirada de la audiencia, mientras ella continuaba aplaudiendo el mitin a bordo del Air Force One.

A este bochornoso episodio se le suman frentes judiciales que continúan acumulándose. Justo cuando la rapera hacía campaña en Nueva Hampshire, sus exabogados introdujeron un recurso en los tribunales para exigir el pago de casi 300.000 dólares en honorarios legales pendientes. Con una base de fans profundamente decepcionada y una jugada política que naufragó por completo, el paso de Nicki Minaj por el bando republicano quedará grabado como uno de los mayores papelones de la industria musical reciente.

Compartir.
Exit mobile version