Esta es una columna de opinión, por cuanto las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, y pueden no representar necesariamente el pensamiento de TVenserio.

El actual formato de los noticieros, sobre todo los matinales y de la tarde, inesperadamente se han vuelto en una bomba de tiempo para sus conductores, y podría serlo también para los ejecutivos de los canales de televisión al ver como la extensión de estos programas le están jugando chueco a la credibilidad de estos espacios.

Desde un primer momento criticamos en esta tribuna la cada vez más larga extensión de los espacios informativos, que pasaron de ser espacios de media hora para llegar a superar las dos horas en ciertos canales. Y esto no ha implicado en un mejoramiento en la calidad de estos programas, sino que por el contrario, se han vuelto el ejemplo de sensacionalismo dentro de la televisión abierta, pero ahora se suma otro problema.

En las últimas semanas se han acumulado los “gaffes” cometidos por los conductores de estos espacios que ha caído mal en redes sociales (quizás el más enconado crítico que hay en la industria), no queremos especificar los casos, pero en gran parte las críticas obedecen a que los conductores de estos espacios se encuentran muy alejados de la realidad y que sus comentarios reflejan ese distanciamiento que, al ser rostros del todavía medio más masivo, es inadmisible.

Y el problema no radica en la falta de calle (todo comunicador, por más popular que sea, vive e interactúa en un entorno social muy diferente al de la gran mayoría de los telespectadores, en parte por el prestigio social que todavía detenta ser rostro televisivo) sino en que estos noticieros dependen mucho de la opinión del conductor para poner a flote el desarrollo del programa. Desde que está muy lindo el día, comentar la última canción de su artista favorito o reírse de la derrota del archirrival en el fútbol están en el popurrí de comentarios que deben realizar las mujeres y hombres anclas en estos extensos programas. Y el problema está cuando deben comentar temas sociales, esos temas, que no necesariamente deben manejar bien, pero se les delata su desconocimiento cuando emite alguna opinión. Y ahí la horda de redes sociales está lista para cazar a su presa y no dejarla escapar por un buen tiempo.

El gran problema de estos programas es que se han convertido en espacios de opinión más que en informativos. El valor de la noticia no está en el informe per se, sino en la bajada que la mujer o hombre ancla hacen de tal noticia. Y aquí es donde han chapoteado señeros rostros que durante años han sido ejemplos de credibilidad y profesionalismo al no saber cómo se prepara cierto plato o llamando a la población a resignarse a comer cerdo en Fiestas Patrias. El problema está más bien en el formato de estos programas, que se han desvirtuado de su propósito informativo. Para qué decir de la liviandad y hasta frivolidad de presentar noticias vinculadas con guerras para luego continuar con la llegada de algún osito a cierto zoológico europeo o el nuevo hit del artista de moda (sobre esto ya hay críticas desde hace sesenta años).

Ahora, en que los rostros están en jaque, sería un buen momento para que los ejecutivos piensen bien lo que están haciendo con los noticieros ya que últimamente están jugando seriamente en contra de la credibilidad de rostros, espacios y hasta de los canales en general. Será interesante observar que vendrá en el futuro.

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