Dominga López vive semanas de alta intensidad con miras a la competencia internacional. En una íntima y distendida conversación en el ciclo Fuera de contexto de Play FM, la modelo y periodista viñamarina repasó sus inicios en la industria, las diferencias radicales entre el mundo de las agencias y los concursos de belleza, y cómo superó el pudor a mostrarse auténtica frente a las cámaras.

La soberana nacional, que saltó al reconocimiento masivo tras trabajar junto al artista urbano Kidd Voodoo y luego coronarse en el certamen local, explicó cómo nació su motivación para competir:

“Me di cuenta de que la gente se sentía cómoda conectando conmigo. Con mentalidad de modelo lo veía muy ajeno, pero este año cumplí 25 y dije ‘no tengo nada que perder, si no es ahora, no es nunca'”.

El quiebre entre las pasarelas y el concurso

Durante el encuentro, la representante nacional fue enfática al contrastar su experiencia previa de casi una década en editoriales de moda con las exigencias del certamen.

“Son mundos completamente distintos. En el modelaje una es un perchero donde vendes un producto, una ropa o un teléfono. En cambio, en el Miss tienes que venderte a ti como persona y a un país que estás representando. Hay que tener un entrenamiento mental muy fuerte antes de entrar, porque te puede destruir si no tienes piel de cocodrilo”.

Asimismo, López admitió que desprenderse de los tics profesionales de la moda fue un proceso paulatino durante la competencia:

“Cuando gané Miss Viña todavía seguía muy modelo y la gente me criticaba porque posaba muy seria o la pasarela era rígida. Después de nueve años no lo sueltas de un día para otro, pero es refrescante traer una percepción más moderna al concurso”.

Mitos, gastos reales y el fin del “cringe”

Al abordar los prejuicios sobre la rivalidad femenina tras bambalinas, la viñamarina descartó las tensiones cinematográficas y destacó el compañerismo de su generación. No obstante, confirmó la alta exigencia física y económica que demanda presentarse:

“Se gasta mucha plata: arriendo de vestidos, maquillador, extensiones de pelo de 600 lucas y traslados. Físicamente también pesa; en una gala preliminar estuve parada 52 minutos con tacos de 11 centímetros antes de desfilar. Terminé sin sentir las piernas”.

Por otra parte, la reina de belleza reflexionó sobre la importancia de usar su profesión para abordar debates de fondo sin temor al juicio público, declarándose enemiga de la vergüenza en redes:

“Dar cringe da una libertad tan linda. Somos una generación paralizada por el miedo a hacer el ridículo, pero si tienes una plataforma hay que mostrarlo todo. Me encantó que en la final nos preguntaran sobre temas contingentes que afectan a las mujeres y no sobre la paz mundial. Si una opinión se da desde el corazón, con fundamento y empatía, la gente conecta”.

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