El actor y cantante Sebastián Longhi dio el puntapié inicial a su nuevo proyecto de conversación titulado “La miseria de pensar”. En su primer capítulo contó con la presencia de Mariela Montero, con quien repasó una intensa trayectoria artística y personal.

Durante el diálogo, ambos compartieron reflexiones profundas sobre la vida, el ego y las vicisitudes del espectáculo. La comunicadora trasandina abrió su intimidad para relatar cómo forjó su carácter desde la infancia en Salta hasta su consolidación en Chile.

El rol de líder y el duelo familiar en Salta

La infancia de Mariela estuvo marcada por la responsabilidad de ser la hermana mayor y por el ejemplo artístico de su padre. Sin embargo, una dolorosa tragedia quebró a su entorno cuando ella era una adolescente.

“Nací primera de cinco hermanos que me siguieron, entonces tuve que cuidar, proteger, contener y sostener emocionalmente un montón (…) Tengo un hermano que falleció en un accidente cuando yo era adolescente; tenía 18 años y mi hermano en ese entonces 14. Fue una pérdida durísima que hasta el día de hoy es el dolor más grande que llevamos como familia”, reveló Mariela.

Frente al impacto de esa pérdida, la artista decidió no estancarse y buscar un nuevo horizonte. Con valentía y determinación, decidió emprender rumbo propio para romper con el duelo reinante en su hogar:

“Yo me negaba a que esa sea mi realidad. Veía a mi mamá tirada en la cama con su depresión y yo decía ‘tengo que hacer algo por esto’. Me puse como una mochila y dije: me tengo que ir, porque si no hay movimiento, es como el ajedrez. Si vos no te movés, el tablero sigue igual”, afirmó.

La llegada a la televisión: entre la audacia y el prejuicio

Tras vivir en el extranjero, Montero regresó a Buenos Aires convencida de su vocación mediática. Aunque antes miraba con distancia los espacios de telerrealidad, se presentó decidida al casting de Gran Hermano Argentina en 2007.

“Yo siempre miraba con mucho prejuicio a los chicos que estaban en realities (…) Y así me cayó la escupida a mí en la frente (…) Cuando me preguntan por qué quería entrar al casting, yo dije: ‘Porque yo nací para ser famosa’. El tipo me puso una cara como si hubiera encontrado un perro verde y me separó del grupo. Yo estaba segura de que iba a quedar”, relató entre risas.

Sebastián Longhi profundizó en aquel momento clave y consultó: “¿Tú ya entendías esto como una posibilidad de reconocimiento para poder generar los cimientos de lo que de verdad te gustaba?”. Montero fue categórica: “Totalmente consciente de que era algo que yo iba a usar para lanzarme al estrellato”.

Desembarco en Chile y las barreras en la música

Su salto a Chile ocurrió de la mano del recordado manager Cacho Améndola para ingresar a Pelotón VIP. Pese a que su plan original contemplaba quedarse un par de semanas, el cariño por el país la llevó a radicarse definitivamente y sumarse a proyectos como Intrusos y Así Somos.

En paralelo, Montero invirtió esfuerzo y recursos en su carrera musical independiente, aunque enfrentó la incomprensión de la industria:

“Me cansé por la industria y porque había mucho prejuicio conmigo de cómo esta chica que salía de un reality podía cantar o tener talento. Yo lloraba mucho con los comentarios por el esfuerzo que hacía de quedarme hasta sin un peso con tal de hacer un trabajo decente. Claramente es dificilísimo, y sobre todo en un país que a veces no apoya tanto la música que se hace aquí”, admitió.

Ante esto, Longhi aportó su propia perspectiva como músico: “Las canciones originales… yo les llamo caprichos del ego, en mi caso personal”. Montero replicó de inmediato: “Pero no debiera ser así, porque es una profesión y vos vivís de eso. No es ningún capricho, es tu trabajo y lo hacés excelente”.

Maternidad, comedia y la lucha contra el machismo

Hoy, las prioridades de Mariela cambiaron radicalmente con la llegada de su hijo Lautaro, a quien define como su mayor inspiración y motor vital. Además de compartir escenario con Gustavo Becerra y de su participación en Fiebre de Canto, la actriz prepara su propio espectáculo de stand up unipersonal, enfrentando las trabas que aún persisten en el circuito.

“Cuando propuse muchas cosas mías solas en un teatro, me sacaron con una patada. Me decían: ‘¿Y qué comediante hombre va a estar al lado tuyo?’. Te ponían como la acompañante o el adorno, y decían que los hombres son los que venden y las mujeres no. Y yo doy fe de que las mujeres sí venden. Ahora me estoy animando a hacer mi unipersonal con mi propio sello e identidad”, sentenció.

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