Parece que la farándula volvió en gloria y majestad. “Ese” escándalo (por motivos editoriales no vamos a explicitar de mayor forma esta noticia) ha motivado una reacción del público que desde hace tiempo no se veía tanto en redes sociales como en la televisión, pero que además entrega algunas observaciones interesantes de cómo se está consumiendo este tipo de contenido a diferencia de la farándula del pasado, esa que desde este sitio se condenó tanto.
En primer lugar, la farándula hoy está bien situada en redes sociales, es ahí donde se ha levantado y genera agenda. Son los posteos de los propios protagonistas de los escándalos quienes mueven la primera piedra y es según la cantidad de reacciones provocadas se puede medir la dimensión que puede generar un escándalo. Tal vez el primer paso lo dio Anita Alvarado cuando hizo ese polémico video el 2022, desde ahí se revivió la farándula, o al menos con los personajes tradicionales, esos que surgían del mundo de la televisión o del deporte. Lo que hemos visto esta semana es la consolidación de este modelo de generación informativa que surge desde las redes sociales y la televisión lo recoge cuando el escándalo está maduro a diferencia del pasado donde este medio era la llamada a propagar la noticia. Hay que entender que esto último no solo sucede en la industria del chisme sino en todo aspecto informativo: la red social difunde, los medios tradicionales le queda interpretar el hecho.
Por otra parte, ¿Por qué a la gente le interesa más los escándalos de figuras de mediano orden y no necesariamente a los grandes del espectáculo? Aquí va una teoría. Siendo yo alguien que prefiero los chismes de alta calidad (los protagonizados por políticos o por figuras del espectáculo del alto clero) ¿se imagina usted que una figura protagónica del espectáculo, de esas que ganan varios ceros en sus cuentas y además tienen sendos contratos con firmas privadas le es necesario una entrevista en directo, con todos las pifias que esto acarrea? Ellos son más pacientes y al tener más recursos y contactos esperan en chaparrón tranquilamente y buscarán asesorarse profesionalmente (agencias de comunicación, medios afines) para lanzar su respuesta al gran público, pensada palabra por palabra, escena tras escena. Cuando estrellas de alto nivel (como Marcelo Ríos en esa bullada conferencia de prensa a finales de los noventa justificando su conducta galante mientras estaba en pareja) realizan declaraciones demasiado abiertas se abre para situaciones que terminan desprestigiando al personaje, por lo que privilegian un paso más estudiado y coordinado, incluso actuando cuando el escándalo ya ha sido relegado por otros eventos. Todo esto es lo contrario a lo que se ha visto esta semana.
En fin, varias cosas se pueden tomar en serio en torno a este auténtico “escándalo de la semana”, uno de aquellos que pensábamos que se había quedado en el invierno de los justos, pero en este país adicto al cahuín y que busca el cotilleo hasta en las alcantarillas, esta ocasión refleja cómo la farándula sobrevive e incluso ha evolucionado, sin necesitar todo el aparataje que tuvo en años anteriores y que fue tan negativo para el desarrollo de la industria televisiva. A lo mejor este modelo es lo más sano para todos los participantes, incluso para los protagonistas.
