El matinal Contigo en la Mañana fue el escenario de un nuevo y bochornoso espectáculo político liderado por el alcalde de Santiago, Mario Desbordes. Lo que debió ser una explicación técnica y transparente sobre un polémico altercado entre guardias municipales y Carabineros , terminó convirtiéndose en un portazo televisivo que expone la peor versión de la autoridad comunal: un jefe edilicio que estalla con facilidad , impone su relato y prefiere la confrontación antes que rendir cuentas a la ciudadanía.

El origen del conflicto: la defensa de lo indefendible

El incidente que encendió las alarmas ocurrió cuando un registro audiovisual mostró a un funcionario de seguridad de la Municipalidad de Santiago negándose de forma tajante a acreditar su identidad ante un efectivo de Carabineros. Ante el legítimo cuestionamiento del periodista Francisco Sanfurgo, quien le recordó a Desbordes su propio pasado en las filas policiales para enfatizar que ningún civil —menos un empleado público— puede rehuir a un control, el alcalde reaccionó de manera visceral.

“Se está investigando, usted está sacando una conclusión”, replicó un molesto Desbordes, intentando relativizar las evidentes imágenes del video.

La tensión escaló rápidamente cuando se le preguntó si este tipo de conductas ensucia el trabajo coordinado entre la policía y los guardias municipales. Lejos de mostrar autocrítica o la templanza que exige su cargo, Desbordes arremetió contra el comunicador acusándolo de “exagerado” y terminó abandonando el despacho en vivo, dejando las preguntas sin responder y demostrando una preocupante falta de madurez política.

Tras el desplante, la conductora del espacio, Andrea Arístegui, no tardó en evidenciar la incómoda reacción del jefe comunal. La periodista sentenció de forma clara el sentir generalizado: más allá de cualquier sumario interno, un funcionario municipal no tiene la facultad legal para negarse a ser controlado por Carabineros, una verdad jurídica que a Desbordes pareció incomodarle al punto de la huida.

Santiago en el abandono: prioridades distorsionadas

Este exabrupto en televisión abierta no es un hecho aislado, sino el síntoma de una gestión que parece haberle quedado grande el traje a su máxima autoridad. Mientras Mario Desbordes gasta energías peleando activamente en redes sociales y matinales, los problemas estructurales de la comuna de Santiago siguen agudizándose sin una respuesta eficiente de su parte.

Los vecinos de la Alameda y del Parque Forestal deben convivir a diario con la proliferación de rucos y asentamientos informales, una realidad que la actual administración parece obviar. A esto se suma el rotundo fracaso de sus políticas para contener el comercio ambulante, el cual sigue desbordado en las principales arterias del centro histórico.

Gobernar desde el rencor político

En lugar de concentrar los esfuerzos municipales en devolver la seguridad y la dignidad a los barrios, Desbordes ha optado por instrumentalizar su posición para mantener vivas rencillas políticas del pasado. Su obsesión por perseguir judicialmente a la exalcaldesa Irací Hassler por el denominado Caso Sierra Bella —causa en la que la exedil ya fue completamente sobreseída por la justicia— demuestra un uso político de la agenda comunal.

Esta misma actitud confrontacional e impositiva se replica hacia el interior del municipio, donde los constantes enfrentamientos con los concejales de oposición reflejan a una autoridad que no escucha, que carece de la empatía humana necesaria para liderar y que estalla ante cualquier contrapeso democrático. Ante un panorama de evidente desatención y prioridades distorsionadas, en diversos sectores de la comuna ya comienza a instalarse con fuerza la urgencia de evaluar un juicio por notable abandono de deberes. Santiago no necesita un alcalde de trinchera virtual; necesita gestión, terreno y soluciones reales.

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