María José Campos, figura clave de la televisión chilena a principios de los años 2000, reapareció en el programa “Todo va a estar bien” de Vía X para compartir una faceta desconocida: su vida tras el retiro forzado de la danza profesional. Durante la entrevista, la actriz y bailarina reflexionó sobre el éxito, la maternidad y las exigencias del mercado laboral para las mujeres, alejándose de la caricatura de su personaje televisivo para mostrar una visión crítica y madura de la sociedad.

Un giro radical: de los escenarios a la oficina

Campos relató que la pandemia de 2020 representó un punto de quiebre absoluto en su carrera. Tras décadas viviendo de la danza y los eventos masivos, el confinamiento y una serie de lesiones físicas severas la obligaron a replantearse su sustento. Según explicó, tras ser diagnosticada con una condición física no compatible con la alta exigencia del baile, decidió volcarse al mundo de las ventas técnicas.

Actualmente, se desempeña como ejecutiva en una administradora de fondos de pensiones (AFP), cargo que ejerce de forma remota. Esta modalidad le ha permitido mantener su rol como principal proveedora y, al mismo tiempo, estar presente en la crianza de su hija adolescente. La actriz confesó que tuvo que realizar un “duelo” para dejar atrás su identidad artística predominante y adaptarse a un entorno corporativo donde, en muchas ocasiones, sus clientes no asocian su nombre con la figura pública que fue.

Autonomía y estándares personales

En el ámbito personal, Campos se mostró tajante respecto a su visión de las relaciones de pareja tras su separación. Proveniente de una familia de estructura matriarcal, subrayó que fue educada para ser autosuficiente y no depender económicamente de nadie. “No estoy dispuesta a subsidiar ni una pata coja”, afirmó, señalando que hoy valora la responsabilidad afectiva y la madurez por sobre cualquier otro atributo.

La invitada también hizo hincapié en la necesidad de que los hombres asuman procesos de terapia y autoconocimiento. Criticó la persistencia de patrones machistas en la sociedad chilena y defendió la importancia de que las mujeres mantengan su independencia para poder tomar decisiones libres. Para ella, el éxito actual no se mide en rating ni en aplausos, sino en la tranquilidad de “parar la olla” y mantener la complicidad con su círculo íntimo.

Ética y contingencia nacional

El espacio también dio lugar a la opinión política. Campos cuestionó decisiones gubernamentales relacionadas con la educación pública, específicamente sobre el financiamiento de los Liceos Bicentenarios. Recordó que sus hijos mayores se formaron en el sistema público gratuito, por lo que considera esencial resguardar los proyectos que demuestran buenos resultados académicos en sectores vulnerables. Finalmente, hizo un llamado a la ética en la gestión pública, vinculando el talento con la integridad como requisitos mínimos para quienes lideran el país.

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