La cobertura de Canal 13 sobre la realidad económica argentina ha pasado de la polémica al cuestionamiento por falta de rigor informativo. Tras emitir un reportaje titulado “Furor en Argentina por carne de burro”, la señal privada fue señalada por difundir información falsa, luego de que herramientas de verificación colaborativa en redes sociales desmintieran los puntos centrales de la noticia.
El desmentido de las Notas de la Comunidad
La plataforma X (Twitter) activó su sistema de notas de contexto en el video publicado por T13, revelando dos inconsistencias críticas:
- Falsedad de las imágenes: Las piezas de carne exhibidas en el reportaje como burro corresponden, en realidad, a carne vacuna.
- Magnitud del fenómeno: No existe tal “furor”. El consumo de carne de burro fue un experimento limitado a una sola carnicería en la provincia de Chubut, el cual no prosperó debido al fuerte rechazo de la población argentina.
Usuarios en redes sociales calificaron la pieza como una “Alerta de Fake News”, denunciando que el medio chileno intentó transformar un hecho anecdótico en un fenómeno social inexistente.
Críticas a la ética y la “romantización” de la miseria
Antes del desmentido técnico, la nota ya había generado una ola de indignación por su tono. Sectores de la audiencia acusaron a T13 de practicar un “periodismo miserable” al intentar presentar una supuesta crisis alimentaria como una moda o tendencia comercial.
Los comentarios rescatados de la conversación digital subrayan una profunda molestia por lo que consideran una “romantización de la necesidad”. Para muchos críticos, el uso de la palabra “furor” fue una elección deliberada para suavizar el impacto de las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei, sugiriendo que la población elige voluntariamente carnes no convencionales en lugar de mostrar que se ven imposibilitados de costear el consumo tradicional de vacuno.
Consecuencias para la credibilidad mediática
Este episodio ha reavivado el debate sobre el sesgo editorial y la responsabilidad de los medios masivos. Al ser confrontados con la realidad técnica —que las imágenes eran de vacuno y el consumo de burro es marginal—, la narrativa de “tendencia” se desmoronó, dejando al medio en una posición vulnerable frente a su audiencia.
Expertos y usuarios coinciden en que este tipo de contenidos no solo desinforman sobre la situación en el extranjero, sino que precarizan el debate público local al normalizar estándares de vida degradados bajo el rótulo de “novedad” o “estilo de vida”.
