En el año 2018, durante una visita al programa “Ciudadano ADN”, Maura Rivera desclasificó un episodio de sus inicios en la televisión que calificó directamente como abuso de poder. La revelación, hecha en el marco de la promoción de su musical “Corazón Rojo”, puso el foco sobre la conducta de Javier Olivares, quien en ese entonces era un conocido animador juvenil.
El origen del conflicto: El despido a los 16 años
El incidente ocurrió cuando Rivera formaba parte del programa “Tremendo Choque” de Chilevisión. Según su relato, la tensión comenzó cuando ella se negó a participar en un concurso de “la gomita”, una dinámica popular de la época que no le parecía adecuada.
- El ultimátum: Maura Rivera recordó que, ante su negativa, Olivares le gritó en comerciales y luego dio un ultimátum a la dirección: “Se va ella o me voy yo. Tú eres una simple bailarina y yo soy el animador”.
- Consecuencias: Debido a su posición jerárquica, el canal optó por despedir a Rivera, quien en ese momento era menor de edad y aún estaba en el colegio.
- Veto laboral: Tras su salida, la bailarina aseguró que se le prohibió la entrada a Chilevisión, una situación que solo cambió cuando alcanzó el éxito en el programa “Rojo” de TVN.
De la prepotencia televisiva al hemiciclo: Una reflexión necesaria
Aunque esta noticia data de 2018, su relevancia se ha reavivado debido a la actual carrera política de Javier Olivares como “diputado” del Partido de la Gente. La actitud de “superioridad” descrita por Rivera hace seis años parece encontrar eco en el desempeño parlamentario de Olivares, cuya gestión ha sido criticada por la falta de seriedad y el uso de retórica divisiva.
El hecho de que el legislador haya llegado a justificar comportamientos excéntricos en el Congreso —mencionando incluso que podría asistir disfrazado de Barney— o utilizando estéticas vinculadas a figuras autoritarias, refleja una preocupante continuidad en su forma de entender el poder.
Lo que en 2002 fue un trato despectivo hacia una “simple bailarina”, hoy parece manifestarse como un desprecio hacia la solemnidad de las instituciones chilenas, las cuales atraviesan niveles ínfimos de aprobación ciudadana.
El testimonio de Maura Rivera en 2018 sirve hoy como un antecedente clave para entender el perfil de quienes ocupan los escaños de la Cámara Baja, los mismos que marginan a personas que con su clase, impronta y humanidad, podrían hacer un trabajo mucho mejor.
Por ello, lo que corresponde actualmente es que Olivares no siga haciendo un cargo que no le pertenece ni que le es idóneo, sino que se vuelva a donde nunca debió salir.
