El periodismo de farándula y los programas afines a tan controvertido género televisivo pueden ser juzgados de muchas cosas. Y una de ellas es de su machismo. Con lo ocurrido con Maite Orsini, por ejemplo, todos sus espacios, desde los más importantes hasta los “underground” nos dicen que la exparlamentaria debe responder ante los pastelazos de cualquiera que se le atribuya un romance.
Que la abogada es culpable de todo, hasta de los deslices del Gobierno en cuanto a seguridad, promesas incumplidas o las vocerías de Mara Sedini. Todo vale.
Hemos visto durante estos años una hostilidad del gremio contra la rubia, lo que lógicamente ha hecho que pierda la paciencia y decida cerrar sus redes sociales por el acoso. Sus defensores dicen que “la televisión es sin llorar”, pero aquí viene un problema gigante: Parece que ellos mismos eligen quién debe llorar.
¿Ley pareja no es dura?
La semana pasada hubo otro escándalo con una seremía que tuvo una duración efímera: Aldo Ibani había sido designado como autoridad de salud en la Región de Valparaíso, sin embargo debió renunciar luego de que se destapara un escándalo de estafas.
¿Pero qué nexos hay con la tele? Que él es pareja de Allison Göhler, la meteróloga de “Contigo en la mañana” de Chilevisión.
Sin embargo, a diferencia de lo que se ha visto en todos estos años con Maite Orsini, los juicios de valor o de probidad brillaron por su ausencia. El machismo con el que opera el farandulismo sencillamente no apareció.
De hecho Cecilia Gutiérrez, habilosa en comentar sobre los amoríos de la jurista, sencillamente no apareció con sus “Bombastic” sobre Ibani. Lo hizo Bío-Bío Chile y otros medios locales. Tampoco apareció Pamela Díaz comentando ni dando consejos. Ni lo hizo Gisella Gallardo.
Ni mucho menos Daniela Aránguiz, ni el panel de “Sígueme”, ni el de “Que te lo digo”, ni el de “Zona de estrellas”, ni los que abundan en YouTube o Instagram. Silencio total.
¿Por qué? Debe ser porque es republicano. Es del actual oficialismo. Por eso no se le exige la prueba de la blancura a una pareja de, como se le aplicó a Maite Orsini, y como no se le hizo con Göhler.
¿Van a seguir diciendo que en la farándula se opera sin color político? ¿O vamos a hacernos los lesos como siempre?
