La magnitud del fraude es histórica. Una organización criminal, desarticulada bajo la denominada “Operación Alto Voltaje”, logró recaudar la asombrosa cifra de $900 mil millones de pesos durante cinco años de actividad ilícita. El operativo, que incluyó allanamientos en siete regiones y la detención de 28 personas, puso en el centro del huracán a Abdel Karim Sukni Guadalah, hermano de la reconocida y controversial abogada Helhue Sukni.
El “pasamano” del cobre: El rol de Abdel Karim Sukni
Dentro de la sofisticada estructura jerárquica de la banda, Sukni no era un operario común. Según las investigaciones de la Fiscalía y la PDI, actuaba como el intermediario crítico entre dos clanes familiares. Mientras una facción se encargaba de la sustracción material del cableado desde empresas de telecomunicaciones y energía en el sur de Chile —aprovechando conocimientos técnicos por haber trabajado en subcontratistas—, Sukni gestionaba el traspaso de la mercancía hacia el segundo clan.
Este rol de “pasamano” permitía que el cobre robado fluyera desde los centros de acopio y chatarrerías hacia el norte del país, específicamente a Alto Hospicio, para su posterior exportación ilegal a Asia a través del puerto de Iquique.
Un negocio de proporciones “billonarias”
La eficiencia de la red criminal era tal que no solo lucraban con la venta del metal, sino que engañaban al Estado mediante un complejo sistema de empresas fachada y facturas falsas. Esto les permitió acceder al beneficio del IVA exportador, obteniendo devoluciones del Servicio de Impuestos Internos (SII) que superaron los $58 mil millones de pesos.
Para dimensionar el impacto económico, las autoridades señalaron que el monto total de lo defraudado equivale a lo necesario para financiar 18 ediciones de la Teletón. En las incautaciones se recuperaron 187 toneladas de cobre, 11 armas de fuego y se congelaron 81 cuentas bancarias.
La vitrina mediática y el cuestionamiento ético
La implicación del hermano de Helhue Sukni abre un debate necesario sobre la composición de los círculos de influencia en Chile. Helhue Sukni, autodenominada “la abogada de los narcos”, ha gozado de una vitrina privilegiada en programas de prensa rosa, matinales y redes sociales, donde se celebran sus excentricidades y su estilo de vida.
Este caso obliga a cuestionar el criterio de los medios de comunicación al elevar a la categoría de “personajes pintorescos” a figuras cuyo entorno y vínculos rozan permanentemente la ilegalidad. La detención de Abdel Karim Sukni no es solo un hecho policial; es un recordatorio de cómo el crimen organizado se infiltra en esferas cercanas al espectáculo y la opinión pública, utilizando en ocasiones esa misma exposición como una capa de normalización social.
