La desvinculación de Priscilla Carrasco, ahora exdirectora nacional del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (Sernameg), ha generado una ola de críticas transversales en la esfera pública. La controversia escaló luego de que se confirmara que la ministra de la Mujer, Judith Marín, solicitó su renuncia no voluntaria en un plazo de 48 horas, bajo el argumento de un “encargo del Presidente de la República”, pese a que Carrasco se encuentra actualmente en tratamiento oncológico.
Un cargo por mérito y no por afinidad política
Carrasco ejercía el liderazgo del Sernameg desde 2022, posición a la que accedió a través del sistema de Alta Dirección Pública (ADP). Este mecanismo garantiza que la designación responda a la trayectoria y méritos profesionales de la candidata, distanciándose de los nombramientos por confianza política directa. Esta distinción fue uno de los puntos centrales en el análisis de la periodista Andrea Arístegui durante la cobertura matinal del caso.
“Ella llega a su cargo por su desempeño, por su currículum, no es que se le regaló por compasión”, enfatizó Arístegui. La comunicadora destacó que la funcionaria cumplía con su rol profesional de manera efectiva mientras lidiaba, en paralelo, con las complejidades propias de un diagnóstico de cáncer.
Críticas a la “inconsistencia” del discurso gubernamental
La periodista manifestó su profunda preocupación por el trato humano brindado a la exdirectora. En su intervención, Arístegui fue enfática al señalar una presunta falta de coherencia en las prioridades del Ejecutivo. “Yo creo que de nuevo hay inconsistencia en el discurso. Por una parte, plantear humanidad cuando conviene y después dejarlo en un segundo plano como si no fuera relevante”, sostuvo.
La crítica apuntó directamente a la gestión de la sensibilidad social por parte del Gobierno, comparando este caso con otras discusiones sobre beneficios humanitarios en el país. “Hay humanidad para los abuelitos que están en Punta Peuco, pero no vamos a hablar del tema humano cuando hay una funcionaria que ha hecho su trabajo y que está en un tratamiento por cáncer. No tiene sentido”, sentenció la profesional.
El impacto en la pauta nacional
La salida de Carrasco no solo fue comentada por Arístegui; la rapidez de la remoción y el contexto de salud de la afectada motivaron pronunciamientos de otras figuras de los medios. El hecho de que la ministra Marín invocara una orden presidencial directa para remover a una funcionaria técnica en medio de una quimioterapia ha puesto en duda el respeto a los fueros de salud y la protección de trabajadores en situaciones de vulnerabilidad extrema.
Hasta el momento, la defensa de la funcionaria y diversos sectores políticos han cuestionado si la decisión administrativa cumple con los estándares éticos que el Gobierno ha promovido en su agenda de género y cuidados, abriendo un debate sobre la protección de la función pública frente a las decisiones de poder centralizado.
