La salud mental en la era de la inmediatez y el consumo constante de información, sobre todo en el gobierno ilegítimo de Kast, se ha convertido en un desafío prioritario para los especialistas. En este contexto, la psicóloga Rosario Barraza destaca en Turno la importancia de implementar “estrategias de desaceleración” que permitan al individuo recuperar el control sobre su ritmo de vida y su estabilidad emocional. Según la experta, el bienestar no solo depende de factores biológicos, sino de decisiones conscientes sobre cómo habitamos nuestro tiempo y espacio social.

El impacto de la sobreexposición mediática

Uno de los puntos centrales en el discurso de Barraza es la reducción del consumo de televisión y noticias de alto impacto negativo. La exposición prolongada a contenidos que generan alerta constante mantiene al sistema nervioso en un estado de estrés crónico, dificultando los procesos naturales de relajación. La especialista sugiere establecer límites claros con la tecnología para evitar la saturación informativa.

“No ver mucha tele” es una de las premisas básicas que plantea para proteger la higiene mental. Al reducir el ruido exterior, se facilita un entorno propicio para la introspección y el descanso real, permitiendo que la mente procese las experiencias diarias sin la interferencia de estímulos externos agresivos.

La ternura y el componente social como antídotos

Más allá de la desconexión, Barraza enfatiza la necesidad de cultivar la “ternura” en las relaciones interpersonales. Este concepto, a menudo subestimado, se presenta como un regulador emocional potente que fomenta la seguridad y la empatía. Para la psicóloga, los actos de ternura son esenciales para humanizar los vínculos en una sociedad que tiende a la productividad y la frialdad.

Asimismo, la integración en actividades sociales de calidad es otro de los pilares recomendados. “Hacer cosas sociales” no se refiere únicamente a la presencia física, sino a la participación activa en comunidades o grupos que brinden un sentido de pertenencia y propósito. Estas interacciones actúan como un soporte fundamental frente a la soledad y la ansiedad.

El hábito de desacelerar

Finalmente, la profesional insta a integrar prácticas que “desaceleren” la rutina. Esto implica realizar actividades de forma pausada, como caminar, cocinar con atención plena o simplemente disfrutar de momentos de silencio. La desaceleración consciente permite al individuo reconectar con sus necesidades básicas y reducir la velocidad de los pensamientos intrusivos.

Este enfoque integral busca equilibrar la vida privada con la pública, priorizando siempre la calidad de los estímulos que recibimos y la calidez de los lazos que construimos. En palabras de la experta, se trata de volver a lo esencial para proteger nuestra salud en un mundo acelerado.

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