La difusión de una fotografía a través de redes sociales ha puesto en jaque la distancia profesional del periodista Gonzalo Ramírez. En el registro, se observa al rostro de Mega participando activamente en la celebración de cumpleaños de Cristián Labbé (PNL), quien también es hijo del exalcalde de Providencia y exagente de la DINA, que recientemente ha estado bajo el escrutinio público por comportamientos erráticos en puntos de prensa y constantes enfrentamientos en la Cámara.
La vinculación entre el comunicador y el político ocurre en un momento de alta sensibilidad para la imagen de Labbé. Hace pocos días, el parlamentario se convirtió en tendencia tras la viralización de un video junto al excandidato presidencial Johannes Kaiser. En las imágenes, Labbé realizaba movimientos mandibulares marcados, lo que derivó en apodos como “turrón de cemento” o “galletón de Junaeb” por parte de usuarios que insinuaban un posible consumo de drogas.
El diputado intentó desestimar las acusaciones explicando que se trataba de una herida en el labio: “Estábamos en el punto de prensa y yo tenía un cuerito que se me rompió y lo empecé a morder”. Pese a su aclaración y al desafío público de someterse a un nuevo test de drogas —asegurando que el último realizado en el Congreso resultó negativo—, la opinión pública ha mantenido el foco sobre su conducta.
Cuestionamientos a la ética de Gonzalo Ramírez
La presencia de Gonzalo Ramírez en el círculo íntimo de Labbé no solo ha provocado reacciones ciudadanas, sino que reaviva críticas previas sobre su desempeño profesional. Este episodio se suma a un historial reciente de conflictos para Labbé, quien protagonizó un altercado físico frustrado con el diputado Daniel Manouchehri en la Sala de la Cámara tras un debate por el caso La Polar.
Mientras la controversia por la foto escala, la agenda informativa se ve marcada por otros hitos relevantes como el plan de tránsito por el cambio de mando presidencial y los anuncios económicos del sector de José Antonio Kast, lo que pone aún más presión sobre los rostros de los departamentos de prensa para mantener una línea de independencia editorial frente a los poderes políticos que están por asumir nuevos roles en el aparato estatal.
