La trayectoria de Denise Rosenthal ha estado marcada por una exposición mediática constante desde los quince años. En una íntima conversación en el podcast “Mujeres que suenan” con Martina Orrego, la cantante chilena reflexiona sobre lo que denomina un “retiro precoz”, un periodo de pausa necesaria para desconectarse de las expectativas ajenas y reconectar con su propia esencia. Tras alcanzar hitos como el Festival de Viña del Mar y el Movistar Arena, la intérprete confiesa que experimentó un vacío interno que la obligó a replantearse su forma de trabajar y de habitar su propia historia.
El peso de la exposición temprana y la búsqueda de validación
Rosenthal analiza críticamente sus inicios en la televisión, señalando que durante mucho tiempo luchó contra los prejuicios asociados a su origen mediático. “Estaba super hipersexualizada para la edad que tenía; a los 18 años era como la bomba sexual y ni siquiera yo lo había elegido”, explica la artista. Esta presión la llevó a una búsqueda constante de aprobación externa, sintiendo la necesidad de demostrar permanentemente su talento como compositora, cantante y bailarina para ser tomada en serio en la industria.
A sus 35 años, la cantante asegura que hoy abraza su historia sin arrepentimientos. Aunque no recomendaría una exposición tan temprana para otras jóvenes por los riesgos que implica en la construcción de la identidad, reconoce que esas vivencias forjaron su carácter actual. Para ella, el proceso de maduración ha consistido en “hacer consciente lo inconsciente” y aprender a habitar los lugares incómodos del autoconocimiento.
La independencia y el rol de “Girl Boss”
En esta nueva etapa, Denise ha tomado las riendas de su proyecto de manera integral. Desde la gestión financiera hasta la dirección de arte, la artista describe el desafío de liderar su propio equipo. “He aprendido tanto que ya sé venderme y negociar”, afirma, revelando incluso que en el pasado utilizó correos electrónicos con nombres ficticios para gestionar sus propios contratos. Esta búsqueda de autonomía la llevó a realizar cursos de finanzas y contabilidad, herramientas que considera fundamentales para cualquier artista independiente en la actualidad.
Sin embargo, este nivel de control también ha traído aprendizajes sobre la delegación. Rosenthal admite que su tendencia a anticiparse a los problemas puede interferir en el proceso creativo de su equipo, por lo que hoy busca un equilibrio que le permita enfocarse en lo que llama sus “unicornios”: los procesos creativos profundos y la nutrición espiritual y académica que alimenta su obra.
Conexión con la naturaleza y el simbolismo del 8 de marzo
La entrevista también explora el refugio personal de la cantante fuera de Santiago, donde convive con sus animales y encuentra inspiración en el entorno. Relata con especial emoción su vínculo con su perro Farcas y el significado simbólico de una lechuza blanca que apareció en su hogar durante un momento de decisiones trascendentales. Para ella, la naturaleza no es algo esotérico, sino una comunidad con la que mantiene una comunicación constante.
El cierre de este ciclo de introspección coincide con su concierto en el Teatro Municipal de Santiago este 8 de marzo. El show, que cuenta con un guion estructurado y arreglos renovados, representa para Rosenthal una “explosión” de todo lo aprendido en este viaje interno. “Llegó el momento de disfrutarlo y valorarlo”, concluye la artista, subrayando que esta presentación no es solo un evento musical, sino el testimonio de una mujer que ha aprendido a poner límites y a validar su propio camino.
