Esta es una columna de opinión, cuyo contenido es de exclusiva responsabilidad de quién las emite, y puede no representar necesariamente el pensamiento ni la línea editorial de TVenserio.

Estamos a pocas horas de dar inicio a una nueva edición del Festival de Viña del Mar, una de las pocas fiestas que marca una identidad clara a nivel nacional y latinoamericano. Como siempre, y quizás impulsado por el morbo, el público prioriza el bloque de la comedia por sobre cualquier otro.

Este año, seis humoristas enfrentarán el desafío de hacer reír a la Quinta Vergara. Por un lado, figuras consagradas: Stefan Kramer, quien regresa por cuarta vez, y Rodrigo Villegas, en su tercera ocasión tras triunfar en 2017 y 2023. Por otro, será el debut de Pastor Rocha, Piare con Pe, Esteban Düch y Asskha Sumatra (esta última, flamante ganadora de Coliseo).

Ante este escenario, surge una duda personal: ¿Es válido el uso de la “pifia” como expresión de rechazo a una rutina que no logra conectar?

He escuchado voces que se oponen a que el “Monstruo” exprese su negativa de forma tan cruda. Uno de ellos es César Huispe, conocido como “Cesarito” del canal Críticas QLS, quien manifestó en un video: “No estoy de acuerdo con las pifias; es una de las razones por las que encuentro que el Festival de Viña es un evento tremendamente picante”. Una apreciación que comparte el siempre polémico Barón Von Vonstar, del canal Analishieet.

Desde hace varios años, “Cesarito” de Criticas QLS ha criticado las diferentes rutinas de los comediante que pasan por la “Quinta Vergara” hasta poner en duda el juicio al “Monstruo”

Sin embargo, el tema es absolutamente válido. No podemos negar que la pifia es parte del espectáculo; es el alimento del morbo que dispara el rating y refleja el sufrimiento interno del comediante que se convierte en presa fácil del público. La historia lo confirma, desde los recordados Ricardo Meruane o Natalia Cuevas, hasta los hoy olvidados Pescetti, Jorge Pérez, Sara Sanders o Ruddy Rey.

El punto central es que nadie puede pasar por sobre la voluntad del “Monstruo”. Hablamos de un público que hace un esfuerzo impresionante: más de seis horas a la intemperie, aguantando el frío y el calor; personas que hacen filas interminables para entrar temprano, sin ir al baño y muchas veces sin comer más que un sencillo sándwich traído de casa.

01 DE MARZO DE 2025 / VIÑA DEL MAR
El público llega a la Quinta Vergara, durante el 64 Festival Internacional de la Canción Viña 2025.
FOTO: SEBASTIÁN RÍOS MORALES/AGENCIAUNO

Esa gente, que espera desde las seis de la tarde para conseguir un buen puesto en la galería, que arriesga una insolación y se aguanta un pre-show que no siempre le gusta solo para escuchar el “¡Buenas noches, Quinta Vergara!”, tiene derecho a expresarse.

Por lo tanto, el soberano de la Quinta Vergara es el juez más autorizado para evaluar el éxito o el fracaso. Esa voz debe ser respetada por todos los chilenos.

Con el Monstruo, no.

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