El Super Bowl 2026 marcó un hito sin precedentes en la historia del entretenimiento deportivo. Bad Bunny, el fenómeno global del reguetón, se apoderó del espectáculo de medio tiempo con una narrativa de aproximadamente 14 minutos que, lejos de ser un simple repaso por su catálogo de éxitos, se erigió como una declaración política y cultural en favor de su natal Puerto Rico. Desde su entrada triunfal entre cañas de azúcar, el mensaje fue claro: la cultura caribeña no necesita traducción para dominar el mundo.
Una puesta en escena con identidad caribeña
El concepto visual del show se alejó de los tropos futuristas habituales del Halftime para abrazar la historia y el paisaje de la isla. Con una estructura central inspirada en una “casita” VIP —referencia directa a sus presentaciones masivas en el Estadio Hiram Bithorn—, el artista recreó un bloque de fiesta urbana rodeado de comparsas y elementos que aludían a la vida cotidiana de San Juan.
La escenografía funcionó como un guiño constante a la resistencia cultural. El uso deliberado de los colores de la bandera puertorriqueña y símbolos de la vida rural caribeña transformaron el césped del estadio en un espacio de reivindicación. En uno de los momentos más arriesgados de la noche, Bad Bunny ejecutó acrobacias que incluyeron una caída libre desde una azotea hacia la multitud, demostrando un compromiso físico que elevó la tensión del espectáculo.
El simbolismo de “El Apagón” y los invitados
El repertorio musical equilibró hits masivos como “Tití Me Preguntó” y “Yo Perreo Sola” con una carga social profunda. Durante la interpretación de “El Apagón”, el escenario se transformó en una crítica directa a la crisis de infraestructura que afecta a la isla. Bailarines caracterizados como trabajadores eléctricos lidiaron con postes de luz que lanzaban chispas, una metáfora visual sobre los constantes cortes energéticos que sufren los puertorriqueños.
La integración de invitados fue otro punto álgido. Lady Gaga apareció en el escenario para ofrecer el único segmento en inglés de la noche, funcionando como un puente artístico que, sin embargo, no eclipsó la hegemonía del español. Por otro lado, la presencia de Ricky Martin subrayó el relevo generacional y la consolidación del pop latino como fuerza dominante.
Un acto de resistencia en el “Prime Time”
El espectáculo concluyó con una declaración contundente proyectada en las pantallas gigantes: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Esta frase sintetizó un show que los críticos ya califican como uno de los más coherentes y mejor diseñados de la era moderna. Bad Bunny no solo cantó; utilizó el escenario de mayor audiencia en Estados Unidos para hablar de colonización, identidad y unidad. “Fue un mini-espectáculo conceptual que no pidió permiso para ser latinx”, señalaron especialistas tras la transmisión. Con esta presentación, el “Conejo Malo” reafirmó que el español es, hoy más que nunca, el idioma del éxito global.
