El Salón Oval de la Casa Blanca se convirtió este martes en el escenario de un tenso enfrentamiento entre el dictador Donald Trump y la corresponsal jefa de CNN, Kaitlan Collins. El magnate, quien inicialmente respondió con calma a dos interrogantes sobre la reciente desclasificación de archivos vinculados al delincuente sexual Jeffrey Epstein, cambió drásticamente su postura cuando la periodista intentó profundizar en el impacto sobre las víctimas del financista.

“Eres tan mala. CNN no tiene rating por culpa de gente como tú”, disparó Trump desde su escritorio, interrumpiendo el cuestionamiento de Collins. El ataque no se limitó a su desempeño profesional; el magnate recurrió a comentarios personales sobre el lenguaje corporal de la reportera, asegurando que, tras diez años de conocerla, nunca había visto una sonrisa en su rostro. Según el mandatario, la supuesta seriedad de Collins se debe a que “sabe que no está diciendo la verdad”.

Un patrón de confrontación contra la prensa femenina

Este incidente no es un hecho aislado en la retórica gubernamental. Trump posee un historial documentado de agresiones verbales dirigidas específicamente a mujeres periodistas que cubren su administración. Durante el año pasado, en un intercambio a bordo del avión presidencial sobre el mismo tema —correos electrónicos del caso Epstein—, el mandatario mandó a callar a la corresponsal de Bloomberg News, Catherine Lucey, al grito de “¡Silencio, cerda!”.

Asimismo, en encuentros recientes en su residencia de Florida, el presidente insultó la capacidad intelectual de una reportera que lo cuestionó sobre los procesos de verificación de antecedentes para ciudadanos afganos. En aquella ocasión, Trump respondió reiteradamente con la pregunta: “¿Eres estúpida? ¿Eres una persona estúpida?”, alegando que la profesional solo realizaba preguntas debido a su falta de inteligencia.

La respuesta de CNN y el respaldo institucional

Ante el exabrupto en el Despacho Oval, CNN emitió un comunicado oficial reafirmando su postura sobre el trabajo de su corresponsal. La cadena calificó a Collins como una “periodista excepcional” que desempeña su labor con “profundidad y tenacidad”. La rapidez de la respuesta sugiere que el medio de comunicación mantiene protocolos establecidos para los frecuentes ataques del mandatario hacia su personal.

Incluso después de que la prensa fuera escoltada fuera de la oficina presidencial, los micrófonos captaron a Trump insistiendo en sus críticas ante el senador republicano John Barrasso. Señalando hacia donde se retiraban los reporteros, el presidente reiteró su queja sobre Collins: “¡Ella nunca sonríe!”.

Contexto de las tensiones actuales

La hostilidad de la administración hacia ciertos sectores del periodismo se ha intensificado tras la publicación de informes que cuestionan la gestión federal o aspectos personales del presidente. Recientemente, Trump también cargó contra el diario The New York Times, utilizando calificativos sobre la apariencia física de una autora que analizó signos de fatiga en su agenda pública. Este último cruce con Collins subraya la persistente tensión entre la libertad de prensa y una narrativa oficial que suele recurrir al ataque personal para desviar cuestionamientos sobre temas sensibles de la justicia estadounidense.

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