En los últimos días, Nicki Minaj arremetió contra Don Lemon después de que el ex presentador de CNN compartiera un video entrevistando manifestantes en una iglesia de Minnesota, durante una protesta contra la presencia de agentes de ICE y en reclamo de justicia por la muerte de Renee Good, una mujer asesinada por un agente migratorio a inicios de enero.
Minaj reaccionó con una publicación furiosa en X en la que se refirió a él con un insulto explícitamente homofóbico, llamándolo “Don ‘C*** S****’ Lemon” y exigiendo que fuera arrestado, lo que generó rechazo inmediato desde organizaciones y usuarios que denunciaron un discurso de odio dirigido a un periodista abiertamente gay.
En otro mensaje, la rapera presumió que su elección de palabras no había sido un error, sino una estrategia: “Estoy contenta de que estén enfadados. Van a enfadarse aún más”, escribió, en alusión a la ola de críticas por sus comentarios.
Lemon respondió con un video en Instagram en el que calificó el ataque de Minaj como “desquiciado” y afirmó: “No estoy en la industria del entretenimiento, hago periodismo y opino sobre temas que claramente están por encima de su capacidad”, además de decirle: “Consíguete una vida. Deja de ser una ‘pick me’”.
Radicalización política y alianza con la viuda de Charlie Kirk
El estallido contra Lemon no ocurre en el vacío: forma parte del giro público de Minaj hacia la derecha cristiana y el trumpismo, visible en su participación en AmericaFest de Turning Point USA en diciembre de 2025.
En ese evento, la rapera apareció tomada de la mano de Erika Kirk, viuda del fallecido activista y fundador de TPUSA, Charlie Kirk, quien fue asesinando meses antes, y la elogió como anfitriona frente a una audiencia conservadora.
En el escenario, Minaj elogió a Donald Trump y al vicepresidente J.D. Vance como “modelos increíbles para los jóvenes”, y declaró: “Tengo el máximo respeto y admiración por nuestro presidente […] les ha dado esperanza de que pueden vencer a los malos y ganar manteniendo la cabeza en alto y la integridad intacta”.
El alineamiento con TPUSA y la familia Kirk ha sido leído por analistas y activistas como un intento de rebranding político en clave conservadora, pese a las críticas históricas que la propia derecha ha dirigido contra el hip hop y la cultura urbana.
Violencia simbólica y el historial de Kenneth Petty
Mientras Minaj pide cárcel para Don Lemon, su propia vida personal sigue marcada por la condena de su esposo, Kenneth Petty, quien fue declarado culpable de intento de violación contra una menor de 16 años en la década de 1990.
Petty cumplió cerca de cuatro años de prisión por ese ataque, está clasificado como agresor sexual de nivel dos en Nueva York y fue sentenciado en 2022 a un año de arresto domiciliario y tres años de libertad condicional por no haberse registrado como delincuente sexual al mudarse a California junto a Minaj.
La víctima, Jennifer Hough, ha demandado a Petty y a Minaj por acoso e intimidación, acusando al entorno de la artista de presionarla para que se retractara de su denuncia y lograr que él saliera del registro de agresores sexuales.
En redes, activistas LGBTIQ+ y de derechos de las mujeres han subrayado la contradicción entre una figura que se presenta como defensora de la “integridad” cristiana conservadora y su defensa reiterada de un hombre condenado por intento de violación, al tiempo que utiliza insultos homofóbicos para desacreditar a un periodista gay.
De las polémicas online a una campaña de hostigamiento
Los ataques a Don Lemon se suman a una cadena de controversias recientes, que incluyen intervenciones en directo donde Minaj ha relativizado denuncias de violencia y ha amplificado mensajes de conspiración cercanos al ecosistema trumpista.
Su aparición con Erika Kirk en AmericaFest fue seguida por una petición en línea que reunió decenas de miles de firmas pidiendo su deportación a Trinidad, país donde nació, y que reabrió el debate sobre xenofobia, racismo y el uso selectivo de la moral religiosa en la política estadounidense.
Más allá del cruce personal, el caso expone cómo el uso de insultos homofóbicos por parte de una superestrella global normaliza la violencia simbólica contra personas LGBTIQ+ en un clima de creciente polarización política y religiosa.
Que estos ataques se produzcan mientras Minaj se acerca al entorno de Donald Trump y a plataformas ultraconservadoras cuestionadas por su retórica anti‑LGBTIQ+ refuerza la preocupación sobre el impacto de estas alianzas en sus audiencias más jóvenes.
