La reciente participación de Nicki Minaj en AmericaFest, el evento anual de Turning Point USA, generó una ola de reacciones luego de que se viralizara un video de 2024 donde Charlie Kirk cuestionaba su impacto cultural. La rapera conversó en el escenario con Erika Kirk, viuda del comentarista conservador, en una instancia marcada por declaraciones políticas que rápidamente circularon en redes.
Durante su intervención, Minaj afirmó: “Queridos jóvenes, ustedes tienen modelos a seguir increíbles como nuestro apuesto y elegante presidente, y tienen modelos a seguir increíbles como el asesino JD Vance, nuestro vicepresidente”. El uso del término “asesino” provocó una reacción audible del público, según los registros difundidos posteriormente.
Tras la difusión de estas imágenes, comenzó a circular nuevamente un clip de abril de 2024 en el que Charlie Kirk declaraba: “Nicki Minaj, Cardi B, no creo que sean un buen modelo para chicas negras de 18 años”. En el mismo registro añadía: “No creo que las canciones que hablan de glorificar genitales femeninos húmedos… no sé cuál de ellas escribió esa canción”, confundiendo a Minaj con Cardi B y el tema “WAP”, en el que la artista no participó.
El video resurgió en redes sociales tras la presencia de Minaj junto a Erika Kirk, reabriendo el debate sobre la relación de la artista con sectores conservadores y el giro político que ha mostrado en los últimos meses. También se recordó un mensaje de Kirk de 2021 en el que afirmaba: “El trato de los demócratas hacia Nicki Minaj debería ser toda la prueba que necesitas de que no les importan las personas negras, especialmente aquellas que no pueden controlar”.
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La conversación pública entre Minaj y Erika Kirk se produjo en un contexto donde la rapera ha intensificado sus declaraciones políticas, incluyendo críticas a figuras demócratas y apoyo explícito a autoridades republicanas. Su presencia en el evento también reactivó discusiones sobre su postura frente a temas sociales, especialmente considerando su historial de apoyo por parte de comunidades diversas.
Para muchos, este viraje ideológico de la rapera se aduce a motivaciones personales, pues está a punto de perder su mansión en California. Y a ello se suma que puede ser una medida de adhesión para que Donald Trump le conceda el indulto presidencial a su marido, preso por delitos relacionados a la pedofilia, y a su hermano, que también está en la cárcel por violación de menores.
El giro político de la cantante ha tensado su relación con la comunidad LGBTQ+, que durante más de una década sostuvo su carrera, amplificó su estética y contribuyó a su consolidación cultural. Su acercamiento a espacios donde se promueven discursos restrictivos hacia los derechos de personas trans, en especial de niños y jóvenes trans, plantea una contradicción evidente con la base que históricamente la apoyó.
Cuando una figura con influencia global se alinea con sectores que impulsan políticas que limitan la autodeterminación de menores trans, el impacto trasciende lo simbólico: contribuye a legitimar narrativas que afectan directamente la seguridad, salud mental y bienestar de estos jóvenes. La distancia que Minaj ha tomado respecto de estas comunidades contrasta con la lealtad que ellas mantuvieron hacia su obra.
Este quiebre abre un debate sobre la responsabilidad pública de artistas con plataformas masivas y sobre cómo sus decisiones políticas pueden reforzar estructuras que perjudican a quienes antes las impulsaron.
