Un recorte del suplemento “Tercer Tiempo” del diario La Tercera, fechado el 13 de octubre de 1995, funciona hoy como un espejo retrovisor que expone la dramática transformación de la industria televisiva nacional. Bajo el título “¿Lo que abunda… no satura?”, la prensa de hace 30 años analizaba el fenómeno de la sobreexposición de figuras en la pantalla chica. Sin embargo, al revisar los nombres, la diferencia de calidad con la oferta actual es abismal.

El panteón de los sobreexpuestos de los 90

La infografía titulada “Vistos y vueltos a ver”, que cubre el periodo 1994-1995, muestra que la repetición de rostros estaba vinculada al talento escénico. En la categoría de “Los Artistas Más Vistos”, la cantante Myriam Hernández lideraba el listado con 10 apariciones estelares, seguida por la española Marta Sánchez con 9 y Nicole con 7.

El gráfico también destacaba a “Los Personajes Más Recurrentes”, figuras que servían como anclas de conversación. El humorista Coco Legrand encabezaba esta sección con 8 apariciones, seguido por Álvaro Salas (7) y políticos o actores como Sebastián Piñera y Esperanza Silva, ambos con 4 presencias.

El artículo de la época cita a productores de televisión, quienes sostenían que “más vale personaje conocido que artista por descubrir”. El texto original señala: “Sí, es cierto, no lo hacen nada de mal cantando… claro que escuchar a Myriam Hernández y Marta Sánchez en casi todos los programas… es algo exagerado ¿no?”.

Infografía generada con Gemini AI de Google

Del talento a la polémica vacía

Tres décadas después, la crítica sobre la saturación persiste, pero el contenido ha cambiado drásticamente. Mientras en los noventa los canales se peleaban por tener a la voz más destacada de América o al humorista más agudo del Festival de Viña, hoy la parrilla programática se sostiene en la controversia manufacturada.

La televisión actual ha desplazado a los artistas para dar espacio a personajes cuya principal habilidad es el conflicto. Figuras como Daniela Aránguiz, Danilo21, Sergio Rojas y Claudia Schmitd han ocupado los espacios que antes pertenecían a intérpretes y creadores. Esta estrategia editorial, centrada en dañar la imagen de terceros y ventilar conflictos privados, ha tenido un costo alto: una fuga masiva de audiencia y una retirada notable de anunciantes que prefieren no asociar sus marcas a contenidos tóxicos.

La excepción a la regla

La nostalgia por una televisión con “clase” no implica que el talento haya desaparecido, sino que los ejecutivos han dejado de priorizarlo. Un ejemplo reciente de que el público aún valora el mérito es el caso de Princesa Alba. Su paso por el programa “Fiebre de Baile” demostró que es posible construir popularidad y rating a través del esfuerzo, el baile y la música, alejándose de la estridencia de la farándula dura.

En 1995, la queja era ver “demasiado” a un buen cantante. Hoy, el desafío de la audiencia es encontrar alguno entre tanto ruido.

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