Tate McRae arrancó el 2026 en la cima del pop: es la nueva portada de la edición de enero de la revista Rolling Stone, tras un 2025 marcado por giras en arenas, un álbum exitoso y una intensa exposición mediática. La publicación la presenta como una “superestrella” que aún está procesando la magnitud de su propio fenómeno.
En la entrevista, McRae repasa la gira que la llevó a escenarios como el Madison Square Garden, donde consolidó su perfil de artista total, combinando voz, coreografías y una estética cada vez más afilada. La cantante reconoce que, pese a la euforia del tour, se volvió más introspectiva y que el ritmo de trabajo la obligó a replantearse quién es cuando se apagan las luces.
La canadiense también habla del relanzamiento deluxe de su disco “So Close to What”, que suma nuevas canciones como “Tit for Tat”, “Trying on Shoes” y “Nobody’s Girl”. Según cuenta, el concepto visual y sonoro de esta etapa está atravesado por una imaginería “angelical” y etérea, con fotos y videos que la muestran jugando con esa dualidad entre fragilidad y poder.
Uno de los ejes más comentados de la nota es la ruptura con The Kid Laroi y la ola de especulaciones que rodeó el lanzamiento de “Tit for Tat”. McRae admite que se sintió abrumada por el escrutinio online y que le resulta incómodo ver cómo el público opina sobre su vida privada sin conocer toda la historia, pero asume que ambas partes usan las canciones como vía de catarsis.
La resiliencia de Tate McRae frente al injusto escrutinio social
Rolling Stone también recoge su versión sobre las acusaciones de playback que circularon en redes a partir de un video fuera de contexto. La artista defiende su performance en vivo y explica que esa controversia fue una prueba más de la presión que enfrenta cualquier popstar en la era de los clips virales.
Otro momento clave del perfil es el relato del hackeo y filtrado de más de 600 demos, un episodio que describe como devastador, casi como si alguien hubiera expuesto todo el contenido de su teléfono. Aun así, asegura que el golpe la obligó a redefinir su rumbo creativo y la reafirmó en su decisión de presentarse como una “pop girl” que abraza sin culpa la sensualidad, el baile y la vulnerabilidad en sus letras.
