Melissa Joan Hart volvió a poner en perspectiva uno de los episodios más duros de su vida profesional. En una reciente conversación con Betches, la actriz repasó la noche de 1999 que marcó un antes y un después en su carrera, cuando fue despedida de dos proyectos clave en cuestión de horas.
La jornada comenzó con el estreno de Drive Me Crazy, película que compartió con Britney Spears. Aunque la alfombra roja prometía ser un momento de celebración, la situación cambió abruptamente. Hart abandonó la proyección para dirigirse al aeropuerto rumbo a Vancouver, donde debía sumarse al elenco de Scary Movie. Sin embargo, una llamada inesperada frenó sus planes: había sido despedida del film.
Según relató, la razón fue tan absurda como dolorosa: le dijeron que “no tenía pechos lo suficientemente grandes” para el papel, que finalmente quedó en manos de Carmen Electra. Aun así, la actriz regresó al estreno sin imaginar que la noche todavía tenía un giro más dramático reservado para ella.
En plena gala, su abogado se acercó para advertirle que ABC planeaba despedirla de Sabrina, la bruja adolescente. El motivo era la portada de la revista Maxim, donde aparecía en una pose sugerente. La imagen, explicó, violaba una cláusula contractual que le prohibía representar al personaje en situaciones asociadas a desnudez o sexualización. La noticia la devastó: “Me puse a llorar de verdad”, recordó.
Melissa Joan Hart y la portada que casi le cuesta su carrera
Aunque la polémica no impidió que continuara interpretando a Sabrina durante varias temporadas más —tras el traslado de la serie a The WB—, el episodio dejó una marca profunda en su relación con la industria. Años después, Hart reveló que incluso rechazó una oferta de Playboy para evitar exponer nuevamente a su familia a situaciones incómodas, especialmente a su hermano y a su padre, quienes sufrieron las repercusiones de la portada de Maxim.
Hoy, con una carrera consolidada y un rol activo en redes y proyectos personales, Hart mira hacia atrás con distancia, pero sin restarle peso a aquella noche que puso en jaque su imagen pública y su futuro profesional.
Este hecho también revela la hipocresía de la sociedad estadounidense, a la que le aterra más ver a una mujer desnuda o en fotografías sensuales en una revista, pero que no tiene el mismo miramiento con un arma en una góndola de supermercado, que puede caer en cualquier persona en un lamentable estado mental.
