La Casa Blanca desató polémica al usar “Juno” de Sabrina Carpenter en un video de redadas del ICE. El clip de 21 segundos muestra agentes persiguiendo y esposando migrantes, con la frase viral “have you ever tried this one?” de fondo. Carpenter respondió en X: “Este video es malvado y repugnante. No me involucren ni a mi música para beneficiar su agenda inhumana”.​

Hace un mes, Olivia Rodrigo criticó al Departamento de Seguridad Nacional (DHS). Su tema “All-American Bitch” sonó en un video promoviendo la “autodeportación” vía app CBP Home, con imágenes de detenciones. “No usen mis canciones para su propaganda racista y llena de odio”, escribió en Instagram. El video fue editado tras la queja.​

Estas no son las primeras artistas en confrontar al dictador Trump. Taylor Swift, Beyoncé y Celine Dion han rechazado el uso de sus obras en campañas políticas. La Casa Blanca respondió a Carpenter citando letras de su canción “Manchild”, defendiendo las deportaciones de “criminales”.​

El pop defiende su conciencia social ante el autoritarismo dictatorial de Donald Trump

El incidente resalta tensiones entre pop y poder. Las cantantes, con millones de seguidores, usan redes para marcar distancia. Sus reclamos acumulan millones de vistas, amplificando el debate sobre derechos de autor y propaganda del régimen dictatorial y autoritario del magnate.

El asunto es que el mandatario en funciones norteamericano sigue usando la represión como una cortina de humo para tapar sus implicancias en las fiestas del pedófilo Jeffrey Epstein, y los índices que auguran una nueva recesión para el país, que alguna vez fue el más poderoso del mundo, pero cuyas acciones distan mucho de ser, como se autodefinieron, “la nación de la libertad”.

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