En la televisión chilena, los escándalos faranduleros han sido parte del paisaje mediático por décadas. Sin embargo, el nivel de confrontación que protagoniza Daniela Aránguiz ha alcanzado un punto de saturación que ya incomoda a buena parte de la audiencia.

El último episodio se dio en el programa “Only Fama” (Mega), donde Aránguiz se enfrentó con la periodista Mariela Sotomayor en una discusión que escaló rápidamente. Todo comenzó cuando Sotomayor presentó un documento que probaba pagos de pensión de alimentos por parte de Kike Acuña, ex pareja de Roxana Muñoz. Aránguiz cuestionó la exposición del documento, insinuando que se ponía en duda la versión de Muñoz. Lo que siguió fue una serie de ataques personales que poco tenían que ver con el tema central.

La situación se agravó cuando Aránguiz, días después en “Sígueme” (TV+), lanzó frases como “nunca vas a ser una Pamela Díaz ni una Coté López” y “tanto te has operado para llegar a ser lo que anhelas”. Estas declaraciones, lejos de aportar al debate, evidencian una estrategia basada en la descalificación y el espectáculo vacío.

Mariela Sotomayor respondió con firmeza, acusando a Aránguiz de establecer jerarquías entre mujeres en televisión y de utilizar su influencia para hundir a otras. “Siento que para ella existen mujeres de primera, segunda y tercera categoría”, afirmó Sotomayor, quien incluso anunció que no volvería a compartir set con la panelista.

Lo más preocupante es cómo estos conflictos desvían la atención de temas relevantes. Roxana Muñoz, quien acudió al programa para denunciar una deuda de pensión alimenticia, terminó relegada a un segundo plano. Ella misma lo denunció en Instagram, señalando que “desvían el tema con la falsa discusión entre Mariela y Daniela”.

A pesar de la evidente incomodidad que generan estos enfrentamientos, algunas cuentas de Instagram amplifican la narrativa de Aránguiz, manipulando el foco hacia el drama y no hacia el contenido. Esta dinámica refuerza un modelo televisivo que premia el conflicto por sobre la información, y que erosiona el rol de la prensa en espacios de espectáculo.

La televisión necesita figuras que aporten, no que destruyan. El rol de panelista exige responsabilidad, especialmente cuando se trata de temas sensibles como pensiones alimenticias o violencia simbólica entre mujeres. Daniela Aránguiz, con su historial de enfrentamientos, parece más interesada en mantener su presencia mediática que en contribuir a una conversación útil.

Es hora de que los canales y productores reflexionen sobre el tipo de contenido que están promoviendo. La audiencia merece más que gritos y descalificaciones. Merece respeto, contexto y profundidad.

Compartir.
Exit mobile version