La partida de Héctor Noguera marca un antes y un después en las artes escénicas chilenas. El reconocido actor y director murió a los 88 años, tras más de siete décadas dedicadas con pasión y entrega al mundo artístico.

Su legado trasciende los papeles que interpretó, siendo referente en el cine, teatro y televisión, así como un incansable promotor de la formación cultural en Chile.

Una vida ligada a las artes

Desde sus primeros pasos en la Compañía de Teatro infantil, Noguera mostró una vocación que no se vio mermada ni siquiera ante las dudas familiares. Tras un breve paso por Arquitectura, se volcó de lleno a la actuación en la Universidad Católica, debutando en obras como “¡Esta señorita Trini!” y participando en fotonovelas, dando inicio a una extensa carrera.

A lo largo de su vida artística, Héctor entregó interpretaciones memorables en películas como “El chacal de Nahueltoro” y obras teatrales que ya son parte de la memoria colectiva nacional. También fundó Teatro Camino, proyecto que consolidó su visión del trabajo colectivo y constante reinvención artística.

Héctor Noguera, figura clave en la época dorada de las teleseries

En televisión, Noguera fue protagonista de la era dorada de las teleseries chilenas. En TVN, marcó presencia en títulos como “Trampas y caretas”, “Rompecorazón”, “Sucupira”, “Machos”, “Pampa ilusión” y “Romané”. Su capacidad para dar vida a personajes versátiles lo convirtió en un rostro querido y respetado, capaz de ofrecer talento y sensibilidad en cada actuación.

Además de su labor sobre los escenarios, asumió el rol de docente y decano en la Facultad de Artes de la Universidad Mayor, impulsando espacios educativos y creativos. Su trabajo fue reconocido por la crítica y el público, obteniendo importantes premios nacionales y siendo elegido como “Mejor actor de la historia de Chile” por el público en 2025.

Durante sus últimos años, Noguera mantuvo la curiosidad y el compromiso con la cultura, participando en proyectos como “Caballo de Feria” y la dirección de nuevas versiones de “La pérgola de las flores”. En su despedida, deja lecciones de humildad, respeto por la memoria y confianza en las nuevas generaciones de artistas.

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