Durante una reciente emisión del programa Zona de Estrellas, el influencer Diego Pánico protagonizó un momento que ha encendido la polémica: lanzó un preservativo a la panelista Isi Glock, en lo que muchos han calificado como un acto misógino y humillante.
El gesto, lejos de ser una broma inocente, refuerza patrones de violencia simbólica que siguen vigentes en la farándula chilena. En un espacio televisivo que se presenta como entretenimiento, se normaliza la agresión disfrazada de espectáculo.
Glock, visiblemente incómoda, fue objeto de burlas y comentarios denigrantes que circularon rápidamente en redes sociales, donde algunos celebraron la “performance” de Pánico como si se tratara de una hazaña humorística.
Este tipo de actos no solo perpetúan el machismo, sino que también desdibujan los límites entre lo que es contenido televisivo y lo que constituye violencia simbólica. La televisión chilena, que históricamente ha tenido momentos de farándula agresiva, parece no haber aprendido de sus errores. El gesto de Diego Pánico revive lo peor de una cultura mediática que premia la humillación y el escándalo por sobre el respeto y la ética profesional.
El público farandulero aplaude a Diego Pánico
Lo más preocupante es la reacción del público. Comentarios como “me encanta esta ordinariez” o “ella se lo buscó” abundan en los reels virales del momento. Esta validación social refuerza la idea de que la violencia contra las mujeres puede ser divertida si se disfraza de show.
Es urgente que los medios y sus audiencias reflexionen sobre los límites del entretenimiento. La televisión tiene responsabilidad editorial y social. No se puede seguir premiando a quienes denigran a otros en pantalla, especialmente cuando se trata de violencia de género.
