Me tendrán que perdonar, pero ha pasado ya un mes desde que no he escrito en esta página. Y no es que esté desvinculado de este proyecto, todos los lunes participo en el programa de Roberto, del cual soy parte desde hace cinco años. Acá he escrito desde hace casi seis años, siempre con el beneplácito de mi jefe, del cual jamás he tenido un problema en torno a lo que he escrito en esta tribuna.
No he escrito acá no por falta de tiempo. En momentos más atribulados he podido dejar una columna escrita a pesar de la demanda de estudio y trabajo que tengo. Pero es que sinceramente uno no sabe muy bien en que seguir escribiendo.
Llevamos años en que las noticias en torno a la industria son prácticamente lo mismo: atomización de las audiencias, crisis económica en los canales, falta de creatividad en los contenidos, pérdida de público, etcétera. De los seis años que he escrito en Tvenserio son pocas las veces en que he dedicado una columna felicitando algo que haga la televisión chilena en este último tiempo. Si hubieran más razones, claro que tendría una perspectiva más optimista, pero los porfiados hechos me dicen lo contrario.
A lo mejor tendría que hablar más de historia televisiva, puede ser. La historia para mí es el motor de mi vida, fuente de mis inquietudes intelectuales y en cierto modo, la manera en la cual me he hecho un espacio. Pero siento que muchos buscan de la historia un nicho para la nostalgia, y cada vez que aprendo más de historia (no el relato, sino la teoría bajo la cual se cimenta la especialidad) me doy cuenta que no podemos hacer el ejercicio de comparar la televisión de hace veinte, treinta o cuarenta años atrás. Las condiciones materiales han cambiado irremediablemente para seguir aplicando criterios del ayer para las exigencias de hoy, y lo que para muchos es la nostalgia de tiempos pasados supuestamente mejores, no resisten el peso de la crítica de sus contemporáneos en su momento. La historia termina siendo un antónimo de la nostalgia.
Seguiré aquí escribiendo, pero ya no será de temas tan contingentes, o mejor dicho, buscaré darle una vuelta de tuerca a los temas que aquí hemos analizado. El inmediatismo también es una mala consejera, y siento que en la larga crisis que viven los medios tradicionales, hay que pensar más allá de ya muy familiar reproche a lo que se está haciendo hoy. Hemos criticado mucho, hemos instalado el problema de los medios en el público y sinceramente poco se ha cambiado. Debemos tomar también una autocrítica en lo que hemos hecho (y no hemos hecho además) y reflexionar si la mera crítica es suficiente para aportar en el necesario debate de los medios de comunicación.
